Esta práctica ancestral de consumir flores comestibles tiene su historia (3000 a.C para allá). Éstas han constituido siempre una parte importante y complementaria para el ser humano.
En culturas ancestrales como en China, el loto tiene mucha historia y se usaba en la cocina imperial. Las antiguas civilizaciones de Sumeria, Egipto y Persia también la incorporaban flores aromáticas en sus preparaciones más refinadas.
En Grecia y Roma Clásica, los romanos y griegos utilizaban pétalos de rosas, violetas y caléndulas. Eran muy apreciadas para aromatizar el vino y elaborar remedios herbales.
En la edad media se hizo popular decorar pasteles reales con flores. Durante el Renacimiento, el uso de aguas destiladas de flores y el consumo de prímulas hervidas se convirtieron en un símbolo de estatus en Europa.
En la época victoriana la florifagia vivió un auge particular cuando se popularizó la cristalización o confitado de flores, como las violetas, para decorar repostería fina.
Aquí algunas de ellas: Flor de palma, ahuyama, geranio, begonia, mburucuya, capuchinas, lavanda, pensamientos, mostaza silvestre, flor de jamaica, flor de mango, flor de guayaba, flor de mayo, flor de palo borracho, jazmín, salvia, caléndula, dalia, bugambilia, margaritas, albahaca, romero, cilantro, orégano, cannabis, cebollino, hibisco, borraja y un centenar mas.

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