Al llegar el invierno, ese calor se libera de forma controlada y se distribuye por tuberías de calefacción urbana hacia viviendas, escuelas y edificios públicos. Sin gas. Sin combustión.
De su efectividad depende que se puedan ahorrar, según los cálculos, hasta 160 toneladas de emisiones de dióxido de carbono, un 70% menos de lo habitual. También se evitará el uso de gasoil y más de la mitad de la quema de astillas de madera, el método más habitual en esta región para ofrecer calefacción a los hogares.






