El lío existe porque Irán está en Asia Occidental, su gente es mayoritariamente musulmana y su escritura se parece a la árabe. Pero ninguna de esas tres cosas define una identidad étnica, y las diferencias entre persas y árabes viene promedio por los años 633 después de Cristo Jesús.
La principal diferencia es la etnia. Cerca del 60 por ciento de los iraníes son persas, y el resto se reparte entre azeríes, kurdos, lures y baluchis, con una minoría árabe concentrada en el suroeste del país. La identidad árabe, en cambio, se define por la lengua materna árabe y por un origen ligado a la península arábiga, el norte de África y el Levante.
La lengua es la otra diferencia. El persa o farsi pertenece a la familia indoeuropea, la misma del inglés, el hindi y el francés. El árabe es una lengua semítica, oficial en más de veinte países. Aunque el persa se escribe con un alfabeto derivado del árabe, la gramática y el vocabulario base son distintos, y además tiene letras que el árabe no posee, como los sonidos p, ch, g y zh. Un hablante de árabe no entiende persa, y viceversa.
La historia se desembrolla mejor con Ciro el Grande quien fundó el Imperio aqueménida hacia el año 550 antes de Cristo, uno de los más grandes del mundo antiguo, cuya capital ceremonial, Persépolis, sigue en pie en ruinas. Después vinieron los imperios parto y sasánida. Cuando los ejércitos árabes conquistaron Persia en el siglo séptimo, Egipto y otras regiones abandonaron sus lenguas y adoptaron el árabe, pero Persia conservó la suya y siguió escribiendo poesía en persa.






