La melanina no solo da color a tu piel, tus ojos y tu pelo: es una sustancia fascinante que muchos consideran casi una forma de “fotosíntesis animal”, capaz de relacionarse con la luz y la radiación de maneras muy profundas en el cuerpo.
También está presente en órganos internos y estructuras sensoriales, e incluso en el cerebro a través de la neuromelanina, que colorea la sustancia negra y se asocia a protección frente a enfermedades neurodegenerativas.
Cuando una persona tiene la piel muy pálida de forma crónica, suele reflejar que sus tejidos internos también están poco melanizados, y esto puede ser una señal de menor robustez y reserva de salud.
Se ha visto que la melanina puede absorber hasta alrededor del 90% de la radiación ultravioleta, protegiendo los tejidos profundos, y que en muchos casos también ayuda a amortiguar radiaciones electromagnéticas artificiales como Wi‑Fi, 5G u otras señales eléctricas.
Incluso tras el accidente de Chernóbil se observó que las ranas más oscuras, con mayor contenido de melanina, mostraban más resistencia que las ranas más claras ante la radiación del entorno.
En resumen, la melanina es un auténtico tesoro biológico que necesitamos tanto en la piel como en nuestros órganos sensoriales y en el sistema nervioso: cuanta más melanina funcional, mejor capacidad de adaptación y protección frente a frecuencias artificiales.
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