sábado

EMINENCIA DE GENERACIONES DEL ARTE PLASTICA DOMINICANA


Guillo Pérez ha sido una de las figuras fundamentales de la pintura dominicana, un creador que convirtió el color y la materia en lenguaje de identidad. A través de una paleta intensa y una expresividad marcada por la espátula, su obra interpretó la luz, la tierra y la memoria del Caribe con una fuerza poética inconfundible

Los lienzos de Guillo Pérez estallan en una sinfonía de colores intensos y vibrantes. La luz caribeña parece palpitar sobre la superficie del óleo, animando rojos encendidos, azules profundos, amarillos luminosos y verdes densos que se organizan con una fuerza expresiva inconfundible. Cada composición irradia emoción y energía.

En su universo visual conviven gallos de actitud desafiante, hojas de plátano monumentales, paisajes rurales, marinas, monumentos coloniales y escenas del ingenio azucarero, imágenes cotidianas que el artista transformó en símbolos poderosos de la identidad dominicana. La espátula, su herramienta predilecta, dejaba empastes vigorosos que aportaban textura y movimiento, haciendo que cada cuadro pareciera vibrar ante la mirada del espectador. No se trata solo de color, sino de materia viva, de superficies que respiran y transmiten intensidad.



Dentro de ese universo pictórico, Guillo Pérez logró un equilibrio singular al combinar el expresionismo abstracto con una estructura cuidadosamente ordenada, donde lo figurativo y lo simbólico dialogan sin perder claridad. Sus temas, profundamente enraizados en la tierra y en la memoria colectiva, revelan una visión poética y contemplativa del Caribe, marcada por una luminosidad constante y un colorido inconfundible que definió su estilo.

Antes de entregarse por completo a la pintura, el maestro Pérez recorrió caminos poco habituales para un futuro artista visual. Estudió religión y música, especializándose en el violín, experiencias que marcaron profundamente su sensibilidad estética y el ritmo interno de su obra. Más adelante encontró su verdadera vocación en las artes plásticas, formándose bajo la tutela del maestro Yoryi Morel en la Escuela de Bellas Artes de Santiago, donde se graduó en 1950. Apenas dos años después, ya impartía clases en la misma institución, una señal temprana de su talento y liderazgo artístico.

En 1955 se estableció en Santo Domingo, ciudad que marcaría el inicio de su consolidación definitiva. Allí fue director de la Escuela de Bellas Artes y se posicionó rápidamente como uno de los grandes exponentes de las artes visuales del país. Las exposiciones individuales y colectivas se sucedieron sin pausa, tanto en el ámbito nacional como internacional, mientras su obra evolucionaba sin perder sus raíces.

Pérez demostró una capacidad constante de renovación, explorando lo abstracto y lo figurativo con igual solvencia, siempre fiel a una paleta intensa y reconocible. Su búsqueda permanente fue la dominicanidad, entendida no sólo como tema, sino como esencia espiritual y cultural. Maestro indiscutible del color, trabajó principalmente el óleo sobre tela, utilizando la espátula para crear empastes densos que dotaban a sus cuadros de energía, textura y dinamismo. Aunque su obra se inscribe dentro del expresionismo abstracto, mantuvo una composición ordenada, donde símbolos y formas reconocibles conviven con la abstracción.

A lo largo de su trayectoria participó en más de setenta exposiciones, treinta de ellas individuales, y formó parte de importantes concursos y bienales nacionales e internacionales. Su talento fue ampliamente reconocido, destacándose en el Concurso de Arte Eduardo León Jimenes, donde obtuvo el primer premio en 1966, 1967 y 1968, además de otros galardones, así como en las Bienales Nacionales, lo que consolidó definitivamente su prestigio. Su obra trascendió las fronteras dominicanas y se exhibió en países como Estados Unidos, Francia, Italia, Israel y Japón, llevando consigo una visión auténtica del Caribe y de la identidad dominicana.

En 1984 fundó la Escuela de Arte Guillo Pérez en Santo Domingo, dedicada a la formación de nuevas generaciones de artistas. Desde allí, su influencia se multiplicó no solo a través de sus cuadros, sino también mediante su vocación como maestro y mentor. Hoy, Guillo Pérez es reconocido como uno de los pintores más prolíficos e importantes del país, junto a figuras como Yoryi Morel, Cándido Bidó, Ramón Oviedo, Darío Suro y Fernando Ureña Rib.

Su legado perdura en cada trazo cargado de color, en cada textura modelada con espátula y en cada obra que sigue dialogando con la historia y la identidad dominicana. Guillo Pérez no solo pintó la República Dominicana, la interpretó, la sintió y la transformó en arte eterno.

Nacido como Guillermo Pérez Chicón el 3 de agosto de 1923 y fallecido en Santo Domingo el 9 de marzo de 2014, dejó una obra vasta y poderosa que hoy se reconoce como parte esencial del patrimonio artístico nacional.

fuente: fussionvip


No hay comentarios:

Publicar un comentario

EMINENCIA DE GENERACIONES DEL ARTE PLASTICA DOMINICANA

G uillo Pérez ha sido una de las figuras fundamentales de la pintura dominicana, un creador que convirtió el color y la materia en lenguaj...