La bendición inicia en África. El polvo de Sahara que sale desde el continente africano y da vida en su trayecto por El Atlántico, El Caribe hasta llegar a América y al Amazonas no es arena común, son mas bien fragmentos microscópicos de antiguas montañas pulverizadas por el tiempo.
Al mismo tiempo, las nubes de polvo reflejan parte de la luz solar, reduciendo el calentamiento del océano y cambiando procesos climáticos que pueden influir incluso en la formación de huracanes, nubes, tormentas y fenómenos atmosféricos extremos.
El polvo del Sahara está compuesto principalmente por:
Minerales: Hierro, calcio, fósforo, sílice, cuarzo y arcilla.
Materia orgánica: Restos biológicos microscópicos, esporas y polen.
Microorganismos: Hongos, bacterias y ácaros.
Sal marina: Partículas atrapadas en su paso por el océano.
El Sahara envía mas de 22,000 toneladas de fosforo puro al Amazonas anualmente. El suelo del Amazonas casi sin fosforo por causa de las lluvias de millones de años, es natural que la selva más biodiversa del planeta necesite ese mineral para fabricar proteínas, crecer y mantenerse viva, y justo lo recibe desde el otro lado del océano.
La Tierra funciona como un organismo conectado. Los continentes no están separados. Los océanos no son barreras. La atmósfera une todos los rincones del planeta en una danza silenciosa y monumental.
Mientras el viento siga soplando sobre las dunas africanas y el desierto más grande del planeta, continuará esta peregrinación invisible que mantiene viva a la selva más grande del planeta.

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