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EL TIEMPO ES ORO

El debate sobre el impacto ambiental de la minería en la República Dominicana se mantiene muy activo. Mientras el gobierno defiende una transición hacia una "minería responsable", científicos, organizaciones sociales y ambientalistas cuestionan el costo ecológico frente al beneficio económico.

Es el punto central de las discusiones públicas (como las protestas bajo el lema "Agua sí, oro no" en San Juan de la Maguana). La preocupación radica en que las actividades extractivas afecten los nacimientos de agua, ríos y cordilleras que abastecen la agricultura y el consumo humano.

Especialistas como Luis Carvajal de la Comisión Ambiental de la UASD señalan que el empleo generado por el sector extractivo es mínimo en comparación con los empleos estables que proveen la agricultura o el turismo, los cuales dependen directamente de ecosistemas sanos. Argumentan que el país debe delimitar estrictamente zonas de exclusión minera donde la riqueza del suelo y el agua sea intocable.

Las operaciones a gran escala requieren altos volúmenes de agua para procesar los minerales, lo que genera tensión sobre las fuentes de agua locales si no se maneja mediante circuitos cerrados de reciclaje.

La remoción de capa vegetal para minas a cielo abierto provoca desertización, erosión y el desplazamiento de flora y fauna nativa en zonas montañosas.

Las exportaciones de oro en bruto de la República Dominicana sumaron 2,392.5 millones de dólares entre enero y septiembre de 2026, lo que representa un crecimiento interanual de 49.8 %, según informó Presidencia de la República Dominicana.

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